Empezamos con las jornadas del pulpo racista donde la gente
es expulsada por el color de su piel.
Más “palante” tenemos el festival de la parrocha a precios
de sardina donde, además, la concejala
de festejos da el premio a su negocio. ¡Tela marinera!.
Seguimos con el rally de la borrachera que dejó Candás lleno
de meaos, cagaos, vomitaos… y una imagen de pueblo vacío de cerebro pero lleno
de alcohol.
Por el medio tenemos ruído, ruído y más ruído, nada que ver
con música, más bien con berridos etílicos.
Y llegamos a la fiesta santa con una alborada donde no acude
ni el apuntador, donde los vecinos ven que el desgobierno se ha cargado una
parte muy importante de las tradiciones y donde no hay nada más, digno de mención,
excepto más ladridos humanos con aporreos de instrumentos que los fabricaron para
ser musicales pero en manos de algunos son ordeñadoras de vacas y entre medio
chupinazos sin venir a cuento y a horas intempestivas y personal de limpieza
tratando de borrar todo signo de comas etílicos y babas varias en un pueblo
sucio todo el año pero que desde el 1 de Junio hasta el 17 de Septiembre está
sumido en la más absoluta, desagradable y putrefacta basura.
Seguro que hay más “desgarros” pero me han entrado ganas de
vomitar.



